Tormentón en Gijón

Otro día nublado de cabo a rabo. Nada de playa hoy…

Por la mañana me di un paseo solo (bueno, con Nala, que es la única que todavía me aguan… digo… acompaña) por el cabo Peñas. Es sencillamente ES-PEC-TA-CU-LAR.

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A ver si consigo que me acompañen Ana y Marta porque vale la pena.

Por la tarde, visto que no había playa, nos fuimos a Gijón. Llegamos con orbayo (la llovizna ¿recordáis?) y al poco rato salió un solazo que nos hizo volver al coche a dejar los paraguas… craso error…

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Recorrimos la zona de Cimadevilla (o Cimavilla, según con quien hables), que es un cabo en el que está el centro histórico de Gijón y un gran parque donde destaca la escultura de Chillida ‘El elogio del horizonte’ (un pedazo bloque de hormigón pero con firma).

Probamos los helados raros, bueno el raro fui yo que probé el helado de fabada (puagggg…), Ana ´tomó uno muy bueno de arroz con leche y Marta, clásica ella, uno de chocolate. Me quedé con las ganas de probar el de cabrales y el de erizos.

Cenamos en una sidrería preciosa, una terraza en un rincón muy bonito cerca del mar y a media cena tuvimos que refugiarnos bajo el toldo porque cayó un tormentón de verano con aparato eléctrico. La tormenta nos acompañó todo el camino de vuelta a Luanco.

Mañana Covadonga y los lagos. Toca madrugar porque a las 8:30 cierran la carretera que sube a los lagos y yendo con Nala no es plan subir en autobús. Visitaremos también Cangas de Onís, Arriondas, Ribadesella y lo que se tercie de camino a casa.